Manuel: GuardiƔn de los saberes del monte que sana
- 11 feb
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Manuel Antonio Mueces es conocido por sanar con las plantas. Nació en Córdoba, NariƱo, y a sus siete aƱos llegó a la finca El Porvenir, a orillas del rĆo Pepino en Mocoa, Putumayo. AllĆ, junto a su tĆa abuela aprendió que las hierbas podĆan curar. Su nombre era Esmailina Pinto Revelo y fue la primera en mostrarle los secretos de la medicina natural.
Siendo niƱo, Esmailina le pidió buscar unas flores rojas de un Ć”rbol. Con ellas preparó una infusión que dio a sus primas que estaban enfermas. āEse arbolito se llama palo cruzā, le explicó, āsirve para cuando las mujeres menstruamos y nos duele el vientreā. Ese momento despertó en Manuel una inquietud que lo acompaƱarĆa toda la vida.

MĆ”s tarde, sin comprender del todo la violencia del conflicto armado, vio a hombres enfermos siendo atendidos con hierbas majadas sobre sus heridas, y cómo se hacĆan baƱos de plantas como mataratón y nacedero para aliviar la fiebre y el sarampión. āYo querĆa aprender, pero mi abuelo me regaƱaba para protegermeā, recuerda. AƱos despuĆ©s, ese aprendizaje resultó vital: durante su servicio militar curó fiebres, hemorragias y hasta mordeduras de serpiente con plantas, guiado por lo que habĆa observado de niƱo y de su intuición.Ā
Su camino se amplió al conocer a Nancy, mujer indĆgena KamĆ«ntsĆ”, quien trascendió, pero con quien formó una familia de tres hijos. Su suegro, el Taita Mauricio, le abrió la puerta a un universo mĆ”s amplio de saberes ancestrales del Putumayo que complementó con sus raĆces indĆgenas Pasto.Ā



Con los aƱos, la tierra de su infancia volvió a llamarlo. Manuel regresó a El Porvenir, la finca donde creció, hoy transformada en el Centro Experimental Amazónico (CEA), un bosque de 132 hectĆ”reas, que resguarda El JardĆn BotĆ”nico de Plantas Medicinales del Centro Experimental Amazónico.Ā
En este jardĆn, Manuel cuida un semillero con cerca de cien especies, las mĆ”s utilizadas en la vida cotidiana. Junto a las del bosque, conforman un total de 725 especies. āEs una colección viva vinculada a CorpoamazonĆa. Mi trabajo es propagar, conservar y compartir este conocimiento, no solo a travĆ©s de las plĆ”ntulas, sino tambiĆ©n mediante talleres y visitas a las comunidadesā, dice. 525 estĆ”n registradas en la Red Nacional de Jardines BotĆ”nicos.


Manuel explica cómo se comunica con las plantas a travĆ©s de su saber como yerbatero: āellas hablan a travĆ©s del paciente y antes de recolectarlas les digo -con respeto- que con ellas voy a curar una persona y ellas me escuchan y yo siento el tratamiento que le hice a la persona con esa planta que recogĆā, afirma.
Pero el extracto de las plantas no es lo Ćŗnico que puede curar. Manuel tambiĆ©n usa la voz del bosque. Ellas dan los sonidos, la mĆŗsica para armonizar a travĆ©s de las semillas y plantas como la waira. āNosotros utilizamos todo: las raĆces, las cortezas, las hojas, el tronco, las semillas, con el debido respetoā.Ā
āPara mĆ las plantas son todo. Todos los dĆas siembro, todos los dĆas consumo plantas, todos los dĆas hablo con las plantas. O sea, si algĆŗn dĆa dejo de existir, ojalĆ” me pongan algunas plantas que me cuiden, porque las plantas son mis protectorasā.
Contra la minerĆa y el olvido

A Manuel le preocupa que las personas tengan las plantas frente a sus ojos y no sepan para quĆ© sirven. Entonces las cortan, las fumigan o las arrancan.Ā āAquĆ en Putumayo, por la deforestación, las fumigaciones o herbicidas, muchas fincas han perdido plantas medicinales y volvieron a ponerles fĆ© cuando estuvo el Covid (COVID-19)ā. Manuel sueƱa con algĆŗn dĆa tener un equipo humano que lo acompaƱe a hacer recorridos y reconocer plantas en las montaƱas.
Siente que, aunque estĆ”n rodeados de plantas que muchos ya no miran, el discurso económico estĆ” seduciendo a la gente con otros fines. āEllos, las empresas mineras, estĆ”n llamando a la comunidad a trabajar y les pagan bien, pero asĆ van olvidando el territorio donde nacieron, donde convivieron con sus padres y abuelos. Se estĆ”n olvidando de su esencia, porque psicológicamente el nuevo trabajo los lleva a eso. Yo lo llamo un desplazamiento de conocimientos, de aquellos saberes que tenĆamos en nuestro territorioā, explica Manuel. No se trata solo de perder las plantas, sino tambiĆ©n el pensamiento, el saber y la relación profunda que la comunidad mantenĆa con ellas.
Con preocupación, Manuel advierte cómo muchas plantas estĆ”n en riesgo de extinguirse: āla quina ya no se consigue acĆ”. Y el canelo de los andaquĆes, endĆ©mico de la AmazonĆa, estĆ” en riesgo de desaparecerā.

Tras mĆ”s de 45 aƱos de aprendizaje, Manuel sueƱa con dejar un legado. A travĆ©s de su marca āSana que Sanaā, elabora ungüentos, repelentes y tónicos, y quiere crear un centro de medicina natural donde el saber ancestral dialogue con la ciencia.
TambiĆ©n planea publicar los testimonios de quienes se han curado con sus remedios. āMi meta es que este conocimiento quede escrito y accesible para las futuras generacionesā, dice.
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Manuel desde su jardĆn, Jorge desde su herbario Y Soraida desde la cocina coinciden en una verdad simple y profunda: las plantas son la vida. En una región donde el bosque es la mayor universidad, invertir, reconocer y honrar a quienes sostienen este conocimiento con las plantas es urgente. Porque lo que no se conoce, no se defiende, y lo que no se defiende, se pierde.
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