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Paola Jinneth Silva MontaƱas de Mocoa.JPG

Manuel: GuardiƔn de los saberes del monte que sana

  • 11 feb
  • 4 Min. de lectura

Manuel Antonio Mueces es conocido por sanar con las plantas. Nació en Córdoba, Nariño, y a sus siete años llegó a la finca El Porvenir, a orillas del río Pepino en Mocoa, Putumayo. Allí, junto a su tía abuela aprendió que las hierbas podían curar. Su nombre era Esmailina Pinto Revelo y fue la primera en mostrarle los secretos de la medicina natural.


Siendo niƱo, Esmailina le pidió buscar unas flores rojas de un Ć”rbol. Con ellas preparó una infusión que dio a sus primas que estaban enfermas. ā€œEse arbolito se llama palo cruzā€, le explicó, ā€œsirve para cuando las mujeres menstruamos y nos duele el vientreā€. Ese momento despertó en Manuel una inquietud que lo acompaƱarĆ­a toda la vida.


Manuel Mueces en el herbario del Jardín BotÔnico de Plantas Medicinales del Centro Experimental Amazónico con plantas de Iresine herbstii usada para la fiebre. Foto: Paola Jinneth Silva
Manuel Mueces en el herbario del Jardín BotÔnico de Plantas Medicinales del Centro Experimental Amazónico con plantas de Iresine herbstii usada para la fiebre. Foto: Paola Jinneth Silva

MĆ”s tarde, sin comprender del todo la violencia del conflicto armado, vio a hombres enfermos siendo atendidos con hierbas majadas sobre sus heridas, y cómo se hacĆ­an baƱos de plantas como mataratón y nacedero para aliviar la fiebre y el sarampión. ā€œYo querĆ­a aprender, pero mi abuelo me regaƱaba para protegermeā€, recuerda. AƱos despuĆ©s, ese aprendizaje resultó vital: durante su servicio militar curó fiebres, hemorragias y hasta mordeduras de serpiente con plantas, guiado por lo que habĆ­a observado de niƱo y de su intuición.Ā 


Su camino se amplió al conocer a Nancy, mujer indígena KamëntsÔ, quien trascendió, pero con quien formó una familia de tres hijos. Su suegro, el Taita Mauricio, le abrió la puerta a un universo mÔs amplio de saberes ancestrales del Putumayo que complementó con sus raíces indígenas Pasto. 


Flor de muerto, planta exótica, común en América pero integrada en el uso de sabedores para armonizar las personas cuando tienen mal aire como le llaman al frío o susto de un espíritu. Foto: Paola Jinneth Silva
Flor de muerto, planta exótica, común en América pero integrada en el uso de sabedores para armonizar las personas cuando tienen mal aire como le llaman al frío o susto de un espíritu. Foto: Paola Jinneth Silva
Hoja de la enredadera de Zaragoza usada para picaduras de insectos, serpientes y alacranes. Foto: Paola Jinneth Silva
Hoja de la enredadera de Zaragoza usada para picaduras de insectos, serpientes y alacranes. Foto: Paola Jinneth Silva
PlÔntulas de coquindo, semilla apetecida para la creación de perfumes. Foto: Paola Jinneth Silva
PlÔntulas de coquindo, semilla apetecida para la creación de perfumes. Foto: Paola Jinneth Silva

Con los años, la tierra de su infancia volvió a llamarlo. Manuel regresó a El Porvenir, la finca donde creció, hoy transformada en el Centro Experimental Amazónico (CEA), un bosque de 132 hectÔreas, que resguarda El Jardín BotÔnico de Plantas Medicinales del Centro Experimental Amazónico. 


En este jardĆ­n, Manuel cuida un semillero con cerca de cien especies, las mĆ”s utilizadas en la vida cotidiana. Junto a las del bosque, conforman un total de 725 especies. ā€œEs una colección viva vinculada a CorpoamazonĆ­a. Mi trabajo es propagar, conservar y compartir este conocimiento, no solo a travĆ©s de las plĆ”ntulas, sino tambiĆ©n mediante talleres y visitas a las comunidadesā€, dice. 525 estĆ”n registradas en la Red Nacional de Jardines BotĆ”nicos.


Manuel Mueces con una plÔntula de Amarilis o cebolleta que es usada para purgas.  Foto: Paola Jinneth Silva.
Manuel Mueces con una plÔntula de Amarilis o cebolleta que es usada para purgas.  Foto: Paola Jinneth Silva.
Semillero de esquejes del bejuco sagrado de YagƩ. Foto: Paola Jinneth Silva
Semillero de esquejes del bejuco sagrado de YagƩ. Foto: Paola Jinneth Silva

Manuel explica cómo se comunica con las plantas a travĆ©s de su saber como yerbatero: ā€œellas hablan a travĆ©s del paciente y antes de recolectarlas les digo -con respeto- que con ellas voy a curar una persona y ellas me escuchan y yo siento el tratamiento que le hice a la persona con esa planta que recogĆ­ā€, afirma.

Pero el extracto de las plantas no es lo Ćŗnico que puede curar. Manuel tambiĆ©n usa la voz del bosque. Ellas dan los sonidos, la mĆŗsica para armonizar a travĆ©s de las semillas y plantas como la waira. ā€œNosotros utilizamos todo: las raĆ­ces, las cortezas, las hojas, el tronco, las semillas, con el debido respetoā€.Ā 

ā€œPara mĆ­ las plantas son todo. Todos los dĆ­as siembro, todos los dĆ­as consumo plantas, todos los dĆ­as hablo con las plantas. O sea, si algĆŗn dĆ­a dejo de existir, ojalĆ” me pongan algunas plantas que me cuiden, porque las plantas son mis protectorasā€.


Contra la minerĆ­a y el olvido


ā€œLa gente no sabe que estĆ” rodeada de monte que le puede salvar la vidaā€. reflexiona Manuel Mueces en el bosque del Centro Experimental Amazónico. Foto: Paola Jinneth Silva
ā€œLa gente no sabe que estĆ” rodeada de monte que le puede salvar la vidaā€. reflexiona Manuel Mueces en el bosque del Centro Experimental Amazónico. Foto: Paola Jinneth Silva

A Manuel le preocupa que las personas tengan las plantas frente a sus ojos y no sepan para quĆ© sirven. Entonces las cortan, las fumigan o las arrancan.Ā  ā€œAquĆ­ en Putumayo, por la deforestación, las fumigaciones o herbicidas, muchas fincas han perdido plantas medicinales y volvieron a ponerles fĆ© cuando estuvo el Covid (COVID-19)ā€. Manuel sueƱa con algĆŗn dĆ­a tener un equipo humano que lo acompaƱe a hacer recorridos y reconocer plantas en las montaƱas.


Siente que, aunque estĆ”n rodeados de plantas que muchos ya no miran, el discurso económico estĆ” seduciendo a la gente con otros fines. ā€œEllos, las empresas mineras, estĆ”n llamando a la comunidad a trabajar y les pagan bien, pero asĆ­ van olvidando el territorio donde nacieron, donde convivieron con sus padres y abuelos. Se estĆ”n olvidando de su esencia, porque psicológicamente el nuevo trabajo los lleva a eso. Yo lo llamo un desplazamiento de conocimientos, de aquellos saberes que tenĆ­amos en nuestro territorioā€, explica Manuel. No se trata solo de perder las plantas, sino tambiĆ©n el pensamiento, el saber y la relación profunda que la comunidad mantenĆ­a con ellas.


Con preocupación, Manuel advierte cómo muchas plantas estĆ”n en riesgo de extinguirse: ā€œla quina ya no se consigue acĆ”. Y el canelo de los andaquĆ­es, endĆ©mico de la AmazonĆ­a, estĆ” en riesgo de desaparecerā€.



Tras mĆ”s de 45 aƱos de aprendizaje, Manuel sueƱa con dejar un legado. A travĆ©s de su marca ā€œSana que Sanaā€, elabora ungüentos, repelentes y tónicos, y quiere crear un centro de medicina natural donde el saber ancestral dialogue con la ciencia.


TambiĆ©n planea publicar los testimonios de quienes se han curado con sus remedios. ā€œMi meta es que este conocimiento quede escrito y accesible para las futuras generacionesā€, dice.

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Manuel desde su jardín, Jorge desde su herbario Y Soraida desde la cocina coinciden en una verdad simple y profunda: las plantas son la vida. En una región donde el bosque es la mayor universidad, invertir, reconocer y honrar a quienes sostienen este conocimiento con las plantas es urgente. Porque lo que no se conoce, no se defiende, y lo que no se defiende, se pierde.


Conoce la serie El Ruido de las Plantas aquĆ­: https://www.umakiwemadretierra.com/ruidodelasplantas

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