La Escuela del Agua que une el páramo y la selva llega a su tercera versión
Del Macizo Colombiano al piedemonte y la Amazonía, comunidades y organizaciones vienen tejiendo una red alrededor de los ríos. La tercera Escuela del Agua llegará al Alto Putumayo del 7 al 12 de octubre de 2026, dando continuidad a un proceso que busca fortalecer los vínculos entre quienes habitan las cuencas del sur del país.

Por: Paola Jinneth Silva
La Escuela del Agua es un proceso de educación ambiental popular que nació en 2024 en Puerto Quinchana, Huila, donde comunidades, colectivos y organizaciones de Huila, Cauca, Nariño y Putumayo se encontraron para intercambiar saberes y fortalecer sus procesos de cuidado y defensa alrededor del agua.
La segunda versión llegó al Putumayo y se desarrolló en Mocoa y Puerto Asís, con un recorrido territorial que permitió reconocer iniciativas comunitarias y problemáticas que atraviesan las aguas, además de fortalecer vínculos con procesos como la Carpa de la Resistencia y las defensores de los humedales en el bajo Putumayo.
“La Escuela nació para intercambiar saberes, tejer unidad organizativa, capacitarnos y organizarnos para incidir en la planificación y el ordenamiento territorial, en la gobernanza comunitaria, en políticas de conservación, en la reducción de riesgos, en la restauración y cuidado de las aguas andinoamazónicas”, explica Kristina Lyons, coorganizadora de la Escuela de Agua e integrante del colectivo Ríos y Reconciliación.
En Putumayo, este proceso se encontró con una memoria organizativa que ya venía caminando a través de la Juntanza por las cuencas Andino-amazónicas, articulada en encuentros como Somos cuenca, somos andinoamazonía en el Alto Putumayo, Juntanza por las aguas de Mocoa, El río del encuentro en Puerto Asís. Estos procesos han permitido construir un tejido donde sus participantes se denominan “cuenqueres”: una forma de reconocerse como habitantes de un territorio anfibio e interconectado.
“Es mirarnos como hermanos y habitantes de la gran biodiversidad que tiene el territorio, en lo andino y lo amazónico; visibilizar los procesos e iniciativas a lo largo de la cuenca, seguir monitoreando y fortaleciendo las acciones de preservación, cuidado y defensa y las formas organizativas en red”, señala Solanyi Ordóñez, coordinadora de la 3ra Escuela y parte de la Juntanza Bioregional Alto Putumayo.

La mirada sobre la cuenca también permite reconocer problemáticas compartidas. En el Bajo Putumayo, las organizaciones han llamado la atención sobre la presión que enfrentan los humedales por actividades petroleras y la expansión urbana, además de situaciones de contaminación asociadas a la falta de servicios públicos y a distintas economías extractivas.
“Hay personas amenazadas por defender los humedales, los ríos, las quebradas y los nacederos ante el extractivismo. También hay una planificación urbana que está invadiendo los espacios del agua y generando riesgos para las comunidades humanas y no humanas”, advierte Lyons
Volver a los nacimientos
La tercera versión llegará al Alto Putumayo, territorio de nacimientos de las fuentes hídricas a través de sus páramos y lagunas, "Estamos buscando que la misma comunidad genere el conocimiento, desde lo local, para que ame, preserve y comprenda en dónde y cómo cuidarlo, segun si es alta, medio o bajo Putumayo y cada nodo tenga una red de monitoreo donde podamos compartir ese entretegido de herramientas y protocolos para generar nuestra propia información”, explica Ordóñez.
La apuesta parte de reconocer que los límites políticos no corresponden necesariamente con los recorridos del agua. Lo que ocurre en los nacimientos, en las montañas o en los humedales tiene consecuencias aguas abajo. Por eso, para quienes participan en este proceso, reconocerse como habitantes de una misma cuenca también implica acompañarse, escucharse y construir formas colectivas de cuidado.
La Escuela combina ciencia ciudadana, cartografías creativas, mingas, actividades culturales, cine ambiental y talleres relacionados con el cuidado de las aguas. También pone en diálogo conocimientos ancestrales con herramientas comunitarias para el monitoreo y la gestión territorial.

“Queremos fomentar desde las comunidades el ordenamiento territorial y la planificación del agua. Creemos que las comunidades podemos organizarnos para proteger las cuencas, reforestar, tratar las aguas residuales, implementar ecotecnologías sanitarias y planear los espacios donde vivimos para evitar desastres y contaminación”, explica Lyons.
Para las organizaciones, la defensa del agua no se limita a la conservación de los ecosistemas. También implica fortalecer la capacidad de las comunidades para decidir sobre sus territorios, recuperar conocimientos, producir investigación propia y construir redes de solidaridad frente a las amenazas que atraviesan las cuencas. “En estos años hemos logrado un tejido amplio, en priorizar el agua en el departamento y avanzar en la identidad de un territorio que nos teje, nos fortalece y nos permite la investigación propia”, afirma Ordóñez.
La tercera Escuela del Agua será un nuevo momento de esa juntanza. Esta vez, el encuentro se desplazará hacia el Alto Putumayo para seguir construyendo una mirada común desde los nacimientos de las aguas hasta su recorrido por el piedemonte y la Amazonía. “La Escuela seguirá rotando por el territorio, incluyendo procesos e iniciativas en el cuidado de las aguas creando una plataforma más amplia para seguir incidiendo en políticas públicas y frente a las amenazas que se alertan de decisiones del gobierno y las multinacionales”. Afirman Lyons.






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